Un día, trabajando como educador social, en el Centre Dispensador de Metadona de la Generalitat de Catalunya, uno de los “pacientes” del centro me pidió asesoramiento en relación a un problema grave que tenía y sobre el cual no sabía qué hacer. La cuestión, resumida, era la siguiente: él llevaba tres años en el programa de mantenimiento de metadona y se quejaba de que le obligaban a tomar otras medicaciones, entre ellas, el famoso y peligroso “trankimazin” (benzodiacepina). Según él, desde que lo tomaba estaba padeciendo ataques epilépticos que cada vez eran más severos y aunque había intentado que su terapeuta le quitase la medicación la única respuesta que había obtenido era que si quería seguir tomando la metadona, entonces, tenía que seguir tomando las otras medicaciones prescritas. Chantaje muy común entre delincuentes titulados, osea, entre mercenarios profesionales de la medicina sin ningún tipo de ética profesional, o mejor dicho, con una ética criminal.
Yo, por mi parte, ni soy médico, ni soy psiquiatra, ni soy farmacéutico con lo cual me encontraba en un campo ajeno a mis competencias. Yo trabajaba de educador social. No sabía muy bien como enfocar el problema y las posibles repercusiones que, para mí, podían ser desastrosas. En un primer momento le comenté que siguiera insistiendo con su terapeuta para conseguir algún tipo de negociación que le permitiera mejorar su situación y así lo hizo sin ningún resultado. Mientras tanto, estudiando el expediente de esta persona encontré algunos datos que me hicieron sospechar que algo no cuadraba. Entre los diagnósticos encontré, entre otras cosas, lo siguiente:
“Paranoia-borderline”
“Esquizofrenia”
“Trastorno dual”
Era muy habitual encontrar en los expedientes de los consumidores de drogas diagnósticos (o seudo-diagnósticos) tipo como “esquizofrenia” “tendencias paranoicas” “trastorno dual”, entre otras, pero “paranoia-borderline” ya me pareció algo más que surrealista. No soy médico pero tampoco soy idiota. Independientemente de la verosimilitud de los diferentes diagnósticos el de “paranoia-borderline”, sencillamente, no existe ni en el propio discurso psiquiátrico. Además, conociendo como conocía a esa persona que, entre otras cosas, tenía un historial social atípico entre la población atendida en este centro como, por ejemplo, que era una persona que nunca había tenido problemas de tipo legal pero sí tenía un amplio historial de estafas a diferentes bancos. Obviamente, tener rasgos “borderline” (trastorno límite de la personalidad) y estafar bancos y no acabar en la cárcel son datos que no casan bien. Además, era uno de los pocos que tenía una pensión “contributiva” lo que daba indicios de que social y laboralmente se había espabilado muy por encima de la media del centro. En fin, que podía tener cualquier tipo de problema pero que fuera “límite” no cuadraba.
Con este panorama y con su insistencia en que le ayudase a resolver esta cuestión le planteé la siguiente estrategia:
1º. Buscar un psiquiatra privado (osea, de pago).
2º. Pedirle un diagnóstico lo más amplio posible sobre su salud mental.
3º. Ocultarle al psiquiatra su tratamiento de metadona hasta tener su diagnóstico por escrito.
4º. Una vez conseguido el diagnóstico por escrito “confesarle” su tratamiento con metadona para comprobar si persistía en su diagnóstico.
Dicho y hecho. El resultado de las diferentes pruebas según el diagnóstico del psiquiatra de pago era que no padecía ningún tipo de enfermedad o trastorno mental: ni esquizofrenia, ni “paranoia-borderline”, ni “trastorno dual”. Y todo independientemente de su tratamiento de metadona.
Ahora, con ese documento podía obligar a la mercenaria psiquiátrica a retractarse en su chantaje criminal. Como así hizo. Finalmente, esta persona consiguió que le quitaran todos los medicamentos que lo estaban destrozando física y mentalmente y le dispensaran sólo su medicación de metadona.
Huelga decir que la mayor parte de personas de este centro en una situación similar no disponían de los medios económicos suficientes como para pagarse un psiquiatra privado (mucho menos un abogado) y que por tanto este caso era excepcional. La mayoría de "pacientes" tenían que someterse al criminal y planificado chantaje de los mercenarios de turno.
Este es sólo un ejemplo de los muchos que me he ido encontrando a lo largo de mi vida de la criminal psiquiatrización de lo social. Se medicalizan los problemas sociales, los problemas políticos y cualquier tipo de individualidad o disidencia que no sea aceptada por el tribunal moral (o inquisición médica) de nuestro tiempo.
Son especialmente crueles los abusos psiquiátricos que se cometen con las personas y con las poblaciones que se suelen definir como vulnerables (consumidores de drogas, niños desamparados, personas tuteladas, indigentes, etc.). La policía médica actúa impunemente, impone sus tratamientos bajo engaños, bajo coacción, coerción o chantaje o bajo la desinformación sistemática. Incluso, en los casos en los que los tratamientos acaban con la vida de los “pacientes” la impunidad de esta casta criminal es una constante insultante.
La medicación criminal la podemos encontrar en infinidad de instituciones de todo tipo como geriátricos, centros de drogas, cárceles de menores, cárceles de adultos e, incluso, en residencias de menores. Es especialmente dramático comprobar como la mayor parte de menores que son institucionalizados en centros de menores acaban siendo psiquiatrizados con cualquier excusa barata. Cuando en una residencia de menores el porcentaje de niños medicados supera la media social o, incluso, alcanza porcentajes del 40, 50 o 60% de la población interna, podemos concluir sin miedo a equivocarnos demasiado que los profesionales que los atienden son incompetentes y negligentes. Por no decir que simplemente son canallas, mercenarios y delincuentes institucionalmente amparados. Pero no sólo se está medicando a las poblaciones diana ya señaladas sino que esta se extiende a todo el campo social incluidas las escuelas. Como muestra un botón: el continuo aumento del famoso TDAH que como ya ha sido ampliamente denunciado sólo existe en las mentes de los psiquiatras y de los comerciales de las farmacéuticas que los financian.
3 comentarios:
Gracias Juan, hacia mucho que no andaba por la blogosfera y, como siempre cada vez que te visito, me voy con nuevas ideas y descubrimientos.
Me ha gustado mucho esta entrada en concreto y estoy de acuerdo contigo en que se diagnostican y se medican "enfermedades mentales" cada vez con más asiduidad, sobre todo en l@s niñ@s y adolescentes. Empiezan en el cole con la hiperactividades y si les dejas y eres un poco rebelde acaban contigo. Saludos.
Gracias Txoni.
Un abrazo
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