CRÍMENES DE LESA HUMANIDAD

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martes, 2 de diciembre de 2008

LA EDUCACIÓN ESTÁ MALITA


“Si lloras por no poder mirar al sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas” (Rabindranath Tagore)


La educación está malita. ¿Qué tendrá la educación?

Hay que ver lo malita que está y lo poco que se queja.


Tenemos que reflexionar sobre los problemas de la educación procurando no caer en la queja que lo justifica y autojustifica todo, lo que pasa y lo que hay. Tenemos una tendencia a justificarnos continuamente como si lo que ocurre a nuestro alrededor no tuviese nada que ver con nosotros.


Tenemos que reflexionar sobre la “queja” como síntoma y diferenciarla de la crítica o de la denuncia. Tenemos que diferenciar la simple queja (enfermiza) del activismo profesional o social.


La educación o la educación social presentan hoy día una serie de problemas que merecen analizarse detenidamente. En nuestros discursos sobre lo educativo tenemos que evitar realizar pronósticos y pre-dicciones que se autocumplan. Tenemos que plantearnos por qué encontramos explicaciones o justificaciones de todo tipo eludiendo siempre la propia responsabilidad: la responsabilidad siempre es del otro.


Crisis de la educación, fracaso escolar, conflictos en el aula… ¿Que fue primero el huevo o la gallina? Preconfiguramos espacios para sujetos de riesgo, fracasados, conflictivos, inadaptados o hiperactivos, después llenamos esos espacios con sujetos que hacemos encajar en las categorías de turno y los agrupamos para acabar, muchas veces, en una vía muerta que no lleva a ninguna parte: ni aprenden, ni cambian, ni se adaptan más o mejor. Cuando nos encontramos con estas situaciones tenemos tendencia a seguir repitiendo...¿pero nos cuestionamos nuestras propias ideas o prácticas?


¿No tendríamos que re-pensar nuestra propia práctica? Lo que hacemos y las categorías que usamos. Los principios y discursos que rigen nuestra propia práctica profesional.


¿No tendríamos que re-pensar la educación del siglo XXI sobre paradigmas pedagógicos para el siglo XXI y no para el XVIII?


¿No deberíamos reconocer con claridad las diferencias entre instrucción o enseñanza y educación?


¿No deberíamos replantearnos la educación como algo más que un adiestramiento para el mercado laboral y de consumo?


El destino no está escrito en ningún lugar, el futuro de la educación también está, sobre todo, en manos de los propios educadores.