miércoles 7 de febrero de 2007

Sobre el educador y el educando


“Todos sabemos cuál es el primer pecado o “pecado original”: “el conocimiento del bien y del mal”. Pero no sabemos o tendemos a olvidar, cuál es el segundo pecado: ¡hablar claro!”>>

Thomas Szasz.


El sujeto de la educación (adulto) es responsable, tiene capacidad para elegir, social, legal y éticamente hablando. El sujeto de la educación “menor de edad” está tutelado; tutela cuyo objetivo es ir desapareciendo para que el sujeto se vaya emancipando y se constituya como tal, en agente, responsabilizándose de sus propios actos: autodeterminándose. Podemos decir que la responsabilidad es una construcción personal-social. El sujeto acepta o no su implicación en toda actividad educativa. El sujeto da o no valor al contenido educativo. El sujeto ético tiene capacidad para elegir y es libre hasta para equivocarse. El sujeto reconoce o no la autoridad epistemológica del educador. El sujeto de la educación es quien decide, es soberano respecto a su propia vida.

El sujeto de la educación tiene todos los derechos y libertades recogidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948), en la Convención Europea para la salvaguardia de los derechos de las personas (1950), en la Carta Social Europea (1965), en la Constitución Española (1978), en la Convención sobre los derechos de los niños/as (Nueva York, 1989) y en la Carta de los derechos fundamentales de la Unión Europea (2000). Los derechos y libertades personales y sociales no pueden ser conculcados ni en nombre de la educación, ni de la salud, ni de cualquier otro ideal de turno. La alienación de los derechos y libertades fundamentales, cuando se realiza, se hace por la fuerza, el sometimiento, la coacción o el engaño. Además, tener un derecho no tiene que confundirse con una obligación o castigo: una cosa es tener derecho a la educación o la salud, y otra, que te impongan tal o cual modelo. La educación como Derecho legal, intelectual y moral.


Dada la conflictividad y las divergencias que existen entre funciones, responsabilidades, discursos y teorías educativas, nos atrevemos ha plantear ciertas ideas para el debate, e incluso, insistir en lo obvio:


• El sujeto y el educador deben pactar los límites, los contenidos y los espacios de la acción educativa explícitamente (contrato educativo). Debe existir un pacto entre sujeto y educador (institución), un compromiso de mutuo acuerdo que permita la responsabilización de las partes. Si el sujeto no es coaccionado la aceptación de la actividad educativa estará en función de la "calidad" de la oferta educativa y del “valor” o reconocimiento social y personal de dicha actividad. En general, en el campo de la educación social está normalizada la obligatoriedad de las actividades, con un marcado carácter coactivo y sancionador mucho más acentuado que en la educación reglada. La educación reglada es obligatoria hasta los 16 ańos, en nuestro medio, pero es voluntaria a partir de dicha edad. Mientras que la educación reglada, pública y privada, tiene una variada oferta de títulos, actividades, prestigio y reconocimiento social, la educación social tiene una pobre oferta educativa, con predisposición al “discurso único” extrapolado de otras disciplinas y, a menudo, en vez de reconocimiento social conlleva un estigma social.

• El Educador Social como profesional práctico tiene un marco teórico de referencia específico en la Pedagogía Social: el educador tiene su base y sus límites en lo educativo. Las fuentes del educador estarán en consonancia con los saberes y prácticas sociales de su época: fundamentándose, a partir de su propio campo y la Ley, en disciplinas como la ética, el derecho, la antropología, la historiografía, la sociología, la psicología, la etnología, la lingüística… La educación social debe tener sus límites teóricos y prácticos en lo socioeducativo y conviene no confundir educar y curar, educar y juzgar o educar y castigar.

• El saber del educador es un saber socializado y socializante. El saber educativo (el educador) no debe prejuzgar a las personas o familias ni realizar juicios de valor sobre los mismos. El educador social no debe juzgar, ni castigar, ni premiar.

• El educador social no actúa contra la voluntad de los sujetos adultos. La educación obligatoria es por ley hasta los 16 años. Toda actividad educativa forzada fuera del marco legal de la educción primaria y secundaria obligatorias pertenece a registros de control social o castigo puro y duro.

• El educador social debe transmitir saberes teóricos y/o prácticos socializados y fundamentados: lenguajes, códigos, valores, conocimientos, hábitos, pautas de comportamiento o límites. Ni cura, ni hace terapia. La educación social debe ser un puente entre el patrimonio cultural de la humanidad y los ciudadanos.

• El educador social realiza evaluaciones de los indicadores socio-educativos de los sujetos: no hace diagnósticos (4).

• El educador social debe legar, guiar o hacer proposiciones: ni ordenar ni prescribir. Se deben delimitar, con el máximo rigor y la máxima excelencia, las funciones educativas de las de guardia, custodia o tutela.


• El educador social es un profesional cualificado por un saber teórico y un saber hacer: no un modelo o ejemplo a seguir. El modelo formal mínimo y común de los educadores sociales debe ser el “profesional”. El educador no tiene que "amar" o “salvar” a los sujetos, ni ser modelo de vida; tiene que cumplir los requisitos de formación pertinentes para ejercer la profesión y cumplir con sus funciones y obligaciones técnicas, legales y éticas competentemente.

• El educador debe pactar, en función de la calidad de la oferta educativa, una acción de transmisión-adquisición cultural. El educador no ejecuta penas (legales, sociales, morales o sanitarias), no coacciona ni chantajea. El pacto reflejado en un libre “contrato educativo” es un elemento esencial para una práctica profesional democrática acorde con nuestro tiempo. La relación educativa debe fundamentarse en un libre contrato, en un pacto no coactivo, en una aceptación voluntaria de una oferta educativa de calidad. Oferta educativa explícita en un proyecto educativo con valor para los sujetos y para la sociedad.

• La educación social no debe ser adoctrinamiento moral o político, si bien, toda práctica educativa tiene una inscripción ideológica y moral, no es lo mismo ideología que saber o moral que saber. El educador no debe pretender salvar, ni imponer su moral o su ideología: se comunica, transmite, recibe, pacta o propone.

• La educación social no es información, ésta, por sí sola, no tiene efectos sobre los valores, las actitudes o las pautas de comportamiento personales. La información no es suficiente para adquirir o cambiar determinados hábitos o valores. La comunicación es el conjunto de actos y medios mediante los cuales el emisor transmite al receptor una información en un proceso recíproco (feedback); la información es el contenido del mensaje.


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1 Kuhn, Thomas S..”La estructura de las revoluciones científicas”. Fondo de Cultura Económica. Madrid, 1984.
2 Op. Cit.
3 Op. Cit.
4 Evaluar. “(Del fr. «évaluer», del lat. «valere»; véase «VALER». «En».) «Justipreciar. Tasar. Valorar». Atribuir cierto valor a una Ícosa. (V.: «Aderar —ant.—, apodar —ant.—, apreciar, calcular, estimar, existimar, justipreciar, retasar, tallar, *tasar, valorar, valuar. Peritaje, tasación. Alfaya, patrón, *precio, unidad. Perito, tasador. Tino. Estimar. Juzgar».)”

Diagnóstico. “(«Hacer»). Determinación de la enfermedad, hecha por el médico en vista de los
síntomas.”

Diagnosis.
“(Del gr. «diágnosis», distinción, de «diagignosko», de «gignosko», hermano del lat. «góscere»; v.«gnos-»; fem.) Arte de descubrir e interpretar los signos de una enfermedad.”

Fuente: María Moliner (1991). Diccionario de uso del español. Edit. Gredos; Madrid.

7 comentarios:

Flint dijo...

Un pequeño matiz (que espero poder explicar bien porque me caigo de sueñoooaaahhh...):

Cuando dices que "el educador social es un profesional cualificado por un saber teórico y un saber hacer: no un modelo o ejemplo a seguir", tengo mis dudas en cierto aspecto; completamente de acuerdo en que ni amamos ni salvamos, pero el asunto del modelo... bufff. Me creo a Bandura, me creo un referente y me creo que cuando trabajo soy un modelo para los chicos (sean adultos o inmberbes); ahora bien, soy un modelo falible, perfectible, alcanzable y superable. Es decir, no aparezco como el menda perfecto, pero cuido lo que hago cuando estoy trabajando. Me resulta muy difícil pretender que alguien solucione sus conflictos mediante el diálogo si le doy un grito cada vez que no hace las cosas de manera correcta, por ejemplo.

No se si me sigues... muchos se quejan de que sus padres han sido de los de "haz lo que digo pero no lo que hago" y agradecen un modelo algo coherente (al menos, mientras trabaja...). Otro tema es la vida privada, creo yo.

Salud.

Juan A. Pérez dijo...

Amigo flint, creo que hablamos de lo mismo. Yo hablo de modelo profesional (saber teórico y práctico, observancia de la Ley y rigor ético) en el espacio educativo, no en la vida personal. El modelo profesional no es un modelo de vida.

Cuando hablo de modelo profesional lo hago por oposición a otros modelos, en especial, al modelo del AMOR, que es un modelo muy difundido en centros educativos y sociales y en continuo auge que muchas sectas, ONG’s y “asociaciones sin ánimo de lucro” defienden. Un ejemplo, en nuestro campo, sería “el Patriarca” o el “proyecto Hombre”. El educador como modelo de vida es típico de esos centros que para trabajar con consumidores de drogas contratan a consumidores de drogas ¿¿¿¿¿?????
Ya ampliaré en otro post este tema.

El educador tiene un encargo social (Ley) y debe ajustarse a ese encargo y debe diferenciarse de su propia vida, ideología o moral. El educador como modelo profesional sí, pero como modelo de vida no. El educador como referente sí, pero referente profesional en el espacio educativo, durante las actividades educativas pero no en su vida personal: no un modelo de vida.

¿No se si he sabido explicarme?

Salud.

flint dijo...

Ferpectamente, que diría Obélix.

Lo del modelo del AMOR siempre me dió mucha risa, la verdad. Conozco a algún profesional que, cuando decía que lo que los usuarios necesitaban era amor, me hacía sospechar sobre su base teórica y sobre su salud mental a partes iguales.

Respecto al educador como modelo de vida en los centros regidos o controlados por ex-drogodependientes... eliminaría directamente la palabra educador; puedes llamarlo "operador", "terapeuta" o como quieras, pero me produce rechazo la idea de que el único mérito para que a alguien se le pueda considerar educador sea que ha dejado el consumo de drogas en ese lugar... Podríamos entrar a discutir si no son, precisamente, este tipo de educadores los que, por su rigidez (que no rigor), están dando a nuestra profesión la fama de poco evolucionados o resistentes al cambio en las CCTT, por ejemplo.

Salud.

Juan A. Pérez dijo...

Pues sí.
Ex-toxicómanos como modelo y ejemplo. Eso es como si una persona que tiene un ataque al corazón sólo se dejara tratar por otras personas que hubiesen padecido un ataque también: el surrealista. Para una película de Almodovar...

Esos personajes, desgraciadamente son contratados y avalados por "profesionales" titulados y por las Administraciones que les dan las subvenciones. Ese es el drama de las CCTT, de los centros de día y demás centros.

Los modelos Morales, del Amor, Tecnocrátios y Cientifistas son mayoritarios en el campo de las drogas y otros muchos... así nos va.

Cuanto menos preparación (y menos salud mental) más rigidez, más autoritarismo y más represión sobre las personas.

En una época "liberal" como la nuestra el modelo profesional queda para la teoría, para envellecer proyectos y publicar panfletos. En la práctica los modelos dominantes no son los profesionales.

Salud

Juanjo Muñoz dijo...

No sé si me he perdido, pero observo una protesta clara contra el papel "salvífico" de un profesional de la educación. Y es un tema interesantísimo que alude a algo que se oberva a diario en la enseñanza secundaria: el profesor suele creerse que debe hacer "profesorcitos" como él, redimiendo a sus descarriadas ovejas del mal (claro de lo que él cree que lo es). Muy interesante el tema, sí señor, para pensarlo a fondo. Me ha encantado.

Saludos

Juan A. Pérez dijo...

Hola Juanjo.

Me alegro que te interese el tema. En mi ámbito profesional es un tema clave. En la educación no formal es muy habitual encontrarse a salvadores, juzgadores y moralistas varios: es el discurso dominante. Es más, creo que el discurso dominante repudia lo que significa la función profesional.

En la educación reglada suele disimularse el discurso "salvacionista", sin embargo el discurso sanitario, moral y de la educación no formal cada día están más imbuídos de esta moralina antidemocrática, criminal y represora.

Salud.

Juanjo Muñoz dijo...

Juan, ése es un grave problema. Se trata de una traducción religiosa del papel de un educador.

Estoy absolutamente de acuerdo en lo que afirmas de "moralina antidemocrática, criminal y represora", pero el fondo de la cuestión apunta, CREO, a un planteamiento más profundo: ¿QUE TODO CIUDADANO DEPOSITE UN PAPEL EN UN CAJÓN DE CRISTAL ES DEMOCRACIA? La democracia no es lo que intuyo que tú, yo y unos pocos más entendemos, sino lo que la mayoría acepta.
Saludos (insisto, lo has planteado inteligentísimamente)